30 días en Porto

Porto es una ciudad que ya me gustaba antes de conocerla. Tener las expectativas demasiado altas e idealizar un lugar —o cualquier otra cosa— es algo que te puede jugar en contra. Si la realidad es diferente a lo que imaginabas, la experiencia tal vez sea decepcionante. Como esperaba, eso no fue lo que me sucedió con Porto.

Viajar sin itinerario, ni apuro, tiene la ventaja de que podes dedicarle el tiempo que quieras a un lugar. Al planificar la visita a Portugal, manejé varias opciones: combinar varias ciudades y regiones vitivinícolas, visitar solo el sur del país, elegir conocer el norte o, la opción que elegí, dedicar todos mis días a Porto. Si bien contaba con un mes para extender mi estadía no quería correr de un sitio a otro y perderme de conocer la verdadera esencia del país. Porto me llamaba la atención, no solo por el vino, también quería reecontrarme con el río Douro —que antes había conocido en Ribera del Duero y Toro, donde se denomina río Duero— y conocer su desembocadura al océano Atlántico. A su vez, había leído maravillas de la gastronomía local y de las actividades en la ciudad. Treinta días en Porto parecían, inclusive, demasiado pocos.

Lo primero que conocí de la ciudad fue la Casa da Música, una sala de conciertos con una edificación muy moderna, de reciente construcción, que llama la atención por su contraste con el entorno. Hasta allí llegué después de diez largas horas en ómnibus desde Madrid, una hazaña económica pero nada recomendable. La Casa da Música es uno de los lugares de encuentro de la ciudad, ese que todos los habitantes saben dónde queda y que se utiliza para tener una referencia con respecto a otros sitios. En frente hay una importante rotonda —que supe recorrer muchas veces en bicicleta—, a Rotunda da Boavista, donde se encuentra la Praça de Mouzinho de Albuquerque y el Monumento aos Heróis da Guerra Peninsular.

Desde mi llegada a la ciudad percibí una energía diferente. Porto es sensual, misteriosa, decadente. Muchas edificaciones están abandonadas. Tienen las puertas cerradas, con tablas de maderas o con cemento, para que no entren intrusos. El deterioro es apreciable, necesitarían mucho trabajo para volver a ser habitables. Tengo fascinación por estos lugares, me gusta imaginarme cómo sería devolverles la vida. La arquitectura es única, los azulejos —ninguno igual a otro—  que recubren muchas de las casas y edificios, le dan un toque pintoresco a las fachadas.

Desde mi llegada a la ciudad percibí una energía diferente. Porto es sensual, misteriosa, decadente. Muchas edificaciones están abandonadas. Tienen las puertas cerradas, con tablas de maderas o con cemento, para que no entren intrusos. El deterioro es apreciable, necesitarían mucho trabajo para volver a ser habitables. Tengo fascinación por estos lugares, me gusta imaginarme cómo sería devolverles la vida. La arquitectura es única, los azulejos —ninguno igual a otro—  que recubren muchas de las casas y edificios, le dan un toque pintoresco a las fachadas.

El idioma portugués, que escucho de las personas que me cruzo en la calle, llega a mis oídos como música. Es muy diferente al portugués que conozco, “el brasilero”, aquí todos hablan de una forma más apretada, con énfasis en las “sh”. Las personas son simpáticas, conversadoras y atentas. Muchos hablan castellano con acento español. Me gusta decirle Porto a la ciudad porque es como se denomina en portugués pero cuando le pregunté a locales sobre cuál debería usar, si Porto u Oporto, me respondieron que es lo mismo. Funciona tanto para el nombre de la ciudad como para los vinos de la región.

El relieve es pronunciado en algunas zonas de la ciudad. Las orillas del río Douro y del océano Atlántico son las zonas más bajas. Al alejarse del agua la altitud aumenta. Los habitantes de Porto están acostumbrados al esfuerzo físico que deben realizar para desplazarse de un lugar a otro, si se trasladan caminando o en bicicleta, a mí me costó varios días de dolor en las piernas. Muchas calles son de adoquines, otro detalle que suma a la armonía del estilo de la ciudad.

El río Douro, protagonista en muchas ciudades y regiones del vino, también tiene un papel fundamental en la magia de Porto. La ciudad no sería la misma sin el río. Del otro lado del puente Dom Luis I está Vila Nova de Gaia, hogar de las Caves do Vinho do Porto. Allí descansan los vinos Porto, que en otros tiempos llegaban desde el Valle del Duero por medio del río. Dicen que el nombre Portugal proviene del antiguo nombre de la ciudad que era Puerto de Galia, Portus-Galliae en latín. En las orillas del río, de ambos lados, hay numerosos bares y restaurantes que siempre están llenos de turistas. Durante la noche las luces de las ciudades se reflejan en el agua.

La Rua de Santa Catarina es el corazón comercial de Porto. Hay muchas tiendas a ambos lados de la calle que es peatonal. También, algunos bares, cafés y restaurantes de comida rápida. El Café Majestic está casi al final de la calle. Es un emblema de la ciudad por su estilo de la década de 1920 que se mantiene intacto desde su fundación en 1921. Otro tesoro de la ciudad es la Librería Lello e Irmao, famosa por su aparición en una de las películas de Harry Potter. Siempre está llena de turistas que hacen largas colas y pagan el ticket de entrada para sacarse una foto en la escalera del lugar que, por cierto, es hermosa.

Uno de los paseos que más disfruté fue recorrer la Foz do Douro, que es la costanera del Océano Atlántico. Los domingos se llena de gente. Se ven puestos de venta de pop, castañas y refrescos. Las tribus urbanas se reúnen, los niños juegan con sus padres, los jóvenes toman cerveza en las terrazas con vista al mar. Muy cerca de la Foz do Douro se encuentra el parque más grande de Porto que se llama Parque da Cidade. Un lago, muchos árboles, aves y espacios para hacer picnics o disfrutar al aire libre, el lugar tiene todo lo que un parque necesita.

Porto superó cada idea previa y se convirtió en uno de mis lugares preferidos en el mundo. Es un lugar que tiene todo: playa, río, parques, arte, historia, excelentes vinos y deliciosa gastronomía. Treinta días no fueron suficientes, me quedaron muchos lugares por descubrir de esta ciudad maravillosa a la que siempre que voy a querer volver.

By | 2017-06-12T10:22:25+00:00 January 14th, 2017|Ciudades del Vino, Historias de Viaje, Porto, Portugal|

About the Author:

Mi nombre es Gabriela y soy la autora de este blog. Soy escritora y sommelière. Viajo lento por las regiones vitivinícolas del mundo en busca de hermosos paisajes, historias que contar y vinos únicos.