Madrileña

Me gusta esa sensación que experimento al viajar, a medida que los días pasan y estoy en un mismo sitio, de sentirme cada vez más en sintonía con el lugar. Conocer dónde quedan los barrios, los lugares turísticos más visitados y los espacios a los que los turistas no llegan. Ubicarme y no necesitar ver el mapa cada poco tiempo. Saber cómo llegar de un lado a otro en los medios de transporte urbano. Disfruto de conocer las costumbres de los habitantes de la ciudad y vivirlas. No una sola vez, sino todas las pueda. Ser lugareña por, al menos, unos días.

Madrid es una ciudad que invita a descubrirla caminando. Por las calles y callejones del centro se ven muchos edificios con construcciones antiguas en excelente estado. Las ventanas son rectangulares con persianas de madera, una al lado de la otra, casi todas con pequeños balcones. En las plantas de entrada hay bares o tiendas.

Caminando observé las calles limpias y los distintos contenedores de basura que utilizan para la clasificación de residuos, las bicisendas respetadas por todos los vehículos, los árboles que hay en todas las calles. Recorrí unas cuadras de la Calle de Alcalá junto a una manifestación en contra de la caza del lobo ibérico, una especie que en las pancartas destacaban como una joya de la fauna salvaje. Observé a los medios de prensa esperando a los políticos, en las afueras de la Cámara de Diputados, para hacerles preguntas sobre la situación actual del país.

Observé a las personas, de todas partes del mundo, viviendo en Madrid o de visita. Personas que llegaron en busca de oportunidades a un país que les abrió sus puertas. Algunos mantienen los acentos de su hogar, otros adquieren los españoles. “Me mola”, “¿A que sí?”, “Qué guay”, “Vale”, son algunas de las expresiones que escuche decir a los madrileños.

Los lugares para visitar y las actividades que ofrece la ciudad son variados y para todos los gustos: teatro, eventos deportivos, mercados, festivales, plazas, museos. Madrid es para todas las edades y para todos los estados de ánimo. Estos son tres lugares elegidos al azar que visité. Porque no podría elegir uno, porque todos tienen su encanto, porque volvería a todos.

En la Plaza Mayor un grupo de adolescentes con sus guías se dividen en dos grupos para no perderse, una pareja, ambos con campera de color rojo, caminan de la mano y sacan fotos, un vendedor me ofrece “el mejor jamón de España”. En los orígenes de esta plaza funcionaba el mercado de la villa. Hoy hay cafés, restaurantes y viviendas.

El Palacio Real impresiona por su magestuosidad. Hay que contemplarlo durante un tiempo para apreciar sus hermosos detalles, cúpulas, pilares robustos y personajes en cada rincón. Esta es la residencia del rey de España aunque actualmente no vive aquí sino en el Palacio de la Zarzuela.

“Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
Carricoches de miga de pan, soldaditos de lata…”

Todos los domingos funciona este mercado, llamado El Rastro, muy cerca del centro de la ciudad. Se vende ropa, bijouterie, discos, antigüedades y muchos artículos más. En el Rastro los turistas caminan lentamente, observando todo a su alrededor mientras buscan qué comprar.

El tapeo o irse de tapas es una costumbre que, aunque se extiende a otras ciudades de España, es característica de los madrileños. Consiste en pedir una bebida en un bar o café —puede ser cerveza o vermut de grifo, vino, entre otras— y beberla de pie o, en algunos lugares, sentado en la barra. Esa bebida vendrá acompañada de algo para picar: la tapa. Si la tapa no llega, puedes exigirla. En una salida de tapas se recorren la cantidad de bares que quieras o que puedas.

Las tapas varían según la bebida o el bar. Con el vermut, que sirven solo o con hielo y una rodaja de limón, suelen ser tapas picantes. El vermut de grifo es ligero, con aromas herbáceos y de dulzor leve.

Hay algunas leyendas en cuanto a los orígenes de la tapa. Un cantinero llamado Eloy me contó que la tapa se comenzó a servir por mandato de los Reyes Católicos. Las personas que llegaban a los bares en busca de alcohol y comida se encontraban con que solo podían costear uno de los dos. Y elegían beber. Cuando volvían a sus trabajos estaban borrachos y no se desempeñaban bien en sus labores. Por este motivo el rey pidió a los taberneros que sirvieran un bocado junto a la bebida.

Ya conozco las líneas del metro y las estaciones. Me fui de tapas por Malasaña y probé el vermut de grifo. Fui a un partido de básquetbol y caminé por El Rastro. Admiré los cuadros del Museo del Prado y aprendí sobre Cervantes en la Biblioteca Nacional. Descansé en el Parque del Retiro y fui a una muestra de diseño en El Matadero. Ya soy, en una pequeña parte, de Madrid.

By | 2017-06-15T10:24:45+00:00 March 17th, 2016|Ciudades del Vino, España, Historias de Viaje|

About the Author:

Mi nombre es Gabriela y soy la autora de este blog. Soy escritora y sommelière. Viajo lento por las regiones vitivinícolas del mundo en busca de hermosos paisajes, historias que contar y vinos únicos.