Toro, tierra de tintos naturales y complejos

Dividida entre las provincias de Valladolid y Zamora, en la comunidad de Castilla y León, se encuentra la Denominación de Origen Toro. El río Duero baña las tierras de esta zona al igual que las de sus vecinas las D.O. Ribera del Duero y Rueda. Los distintos tipos de suelos, el clima continental y la cepa autóctona, la Tinta de Toro, marcan las características de una tierra con amplia experiencia en producción de vinos.

Toro tiene el encanto de las ciudades que mantienen sus costumbres y tradiciones y, a la vez, se percibe la inquietud por crecer y crear nuevas oportunidades. La ciudad cuenta con un patrimonio histórico muy rico donde se destacan La Colegiata de Santa María La Mayor, la Ermita de Santa María de la Vega de Toro, la Plaza de Toros y el Alcázar de Toro. Por las calles del casco histórico se observan construcciones antiguas, monumentos, plazas y una importante oferta comercial y gastronómica.

La Denominación de Origen

La D.O. fue fundada en 1987 y actualmente cuenta con 61 bodegas, número que se incrementa año a año. La instalación en la región de grandes grupos inversores ha potenciado el crecimiento, logrando que los productores ya establecidos eleven sus estándares de calidad para competir en el mercado y también ampliando las zonas de comercialización de los vinos de Toro. La zona de producción incluye 16 municipios de los cuales 12 se encuentran en la provincia de Zamora y 4 en Valladolid.

El clima es continental con influencia atlántica. La considerable amplitud térmica que se registra entre el día y la noche favorece el crecimiento de la vid. La pluviometría es moderada, unos 300 a 400 mm anuales. Las enfermedades de la vid son muy escasas en esta zona debido a que los niveles de humedad están controlados. Esto determina que sean pocos los productos químicos utilizados, motivo por el que los productores de la región hablan de vino natural.

La variedad más plantada es la autóctona Tinta de Toro, adaptada al clima y suelo de la región, que algunos estudios realizados indican que genéticamente es la uva Tempranillo. Los vinos de Toro tienen fama de robustos y lo son, pero no de una forma agresiva, son tánicos y elegantes, con estructura y carácter. En los vinos con crianza se utiliza roble de origen americano y francés. También se producen vinos jóvenes, de cosecha tardía, fortificados, de maceración carbónica, y todas las posibilidades que permite la Tinta de Toro. Otras cepas permitidas son la Garnacha Tinta y las variedades blancas Malvasía y Verdejo.

El viñedo está plantado principalmente en vaso. Llama la atención la edad de algunas plantas pudiéndose encontrar una cantidad considerable de viñas con más de 50 años y algunas hectáreas con plantas que superan los 100 años, que se mantienen en producción a pesar del poco rendimiento que se obtiene de ellas.

El Consejo Regulador

En Toro conocí el funcionamiento del Consejo Regulador de la D.O. de la mano de los protagonistas. Santiago Castro, Director Técnico de la D.O., me recibió en la sede ubicada en el Palacio de los Condes de Requena. El lugar es hermoso, en la edificación se destacan la madera y los cristales como materiales de construcción. Los patios internos llenan de luz el lugar.

En el Consejo Regulador están las muestras de vino que las bodegas envían para analizar. Es una cantidad considerable. Antes de obtener la tirilla que se coloca en la botella y que indica que el vino cumple con las exigencias de la D.O. cada muestra pasa por estrictos controles. Un equipo de cata conformado por profesionales del sector realiza el control sensorial. También se analizan los parámetros químicos de la muestra para determinar si se encuentran dentro de los límites aceptados.

El Consejo fomenta la plantación de la Tinta de Toro y se encarga de supervisar cada etapa de la vid. Una comunicación constante con los productores garantiza la prevención de problemas que puedan surgir por factores externos. Es un trabajo arduo que necesita de mucha dedicación e imparcialidad.

En la sede del Consejo Regulador, como en tantas otras construcciones de la región, hay una bodega subterránea. Un lagar —recipiente en donde se pisa la uva—, barricas y prensas son las herramientas más comunes que pueden encontrarse en estos lugares.

La diversidad del suelo

Algo que me impresionó de Toro, además de los buenos vinos que probé, fue el suelo. En un recorrido por los viñedos de la región pude apreciar la versatilidad: tierras de color rojo con cantos rodados, depósitos aluvionales provenientes del río Duero con arenas, arcillas y gravas, suelos con cantos de tamaño considerable y suelos de arenas finas sueltas. A distancias muy cercanas el suelo cambia completamente. Esta diversidad crea matices complejos en los vinos, obteniéndose resultados diferentes según el lugar de cultivo.

Finalizando el paseo por la viña nos cruzamos con dos podadores que realizaban su trabajo. Nos explicaron que la tarea no es sencilla, se necesitan años de experiencia para realizar la poda con destreza y rapidez. Hay que saber dónde cortar, eligiendo el lugar de forma que no afecte al futuro desarrollo de la vid. Se nota que no es su primera poda, se mueven con agilidad, pasan de una planta a otra de forma rápida y sin dudar.

Toro tiene mucho para ofrecer y es un lugar perfecto para realizar enoturismo, lo demuestran sus vinos tánicos y complejos, y también sus blancos, frescos y afrutados, sus múltiples tipos de suelo, sus cepas centenarias, los hermosos paisajes en las cercanías del río Duero, los monumentos que adornan la ciudad y las historias que se cuentan en sus calles.

By | 2017-06-14T22:17:58+00:00 August 4th, 2016|Castilla y León, España, Regiones del Vino, Toro|

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Mi nombre es Gabriela y soy la autora de este blog. Soy escritora y sommelier. Viajo lento por las regiones vitivinícolas del mundo en busca de hermosos paisajes, historias y vinos únicos.